Fue mi llegada a Xalapa en la tarde-noche de un diciembre de 1992, entre
una densa niebla y en un ambiente de domingo... ¡parecía
pueblo fantasma!, ya no había gente en la calle, y ningún restaurante abierto,
ni tiendas de conveniencia como abundan actualmente. Para poder sobrevivir al
hambre de treintaidós horas seguidas de
viaje, sólo un ya desaparecido "Barón Rojo" nos brindó la posibilidad
de un sándwich bastante raquítico.
Pero no puedo negar
el enorme encanto que nos causó esta ciudad.
En el espacio de
esos años he visto trasformarse a esta ciudad que he aprendido a querer como si
fuera mía, y aunque recientemente los veracruzanos hemos vivido momentos
dolorosos debido a la ola violencia que ha impregnado al país, Xalapa sigue
siendo una ciudad que se disfruta, tanto de día como de noche. Es tan diversa
en lugares y escenarios, que en una salida siempre tendrás la posibilidad de encontrarte
con los amigos en alguno de los muchos restaurantes, bares y cafeterías, visitar
los museos y galerías, adentrarte en
pasajes comerciales convencionales y alternativos, hacer un recorrido por el
tradicional “Piojito”, y tantos y tan hermosos parques y jardines.
Pero
definitivamente, los cafés de Xalapa son lugar obligado para llevar una
conversación que puede durar tanto como se disponga al espíritu de los que ahí
se dan cita. En un café, una sencilla conversación puede llevar a los que
dialogan a variados estados de disfrute, en donde la palabra no sólo se hace
presente desde las bocas, se manifiesta también en los aromas, en la quietud de
las típicas mesas o de cómodos sillones; incluso en el apacible silencio que
acompaña a ratos las conversaciones, pareciera percibirse en una muda frase de
alegría por compartir al aroma de un americano, un lechero o un expresso, el momento único de una
entrañable compañía. En el día a día, en esta ciudad nos movemos entre lo que
pareciera un caos vial, especialmente a ciertas horas, sin embargo, si entras
en un café xalapeño, pareciera que este escenario dejara de existir para pasara
a ser un tema más de conversación y se
va difuminando entre el rico olor de un americano. En ellos podrás ver también
a los más variados personajes: hay desde el clásico intelectual que va a leer
el periódico, hasta el neo-fresa que prefiere estos lugares para revisar su
feisbuc; o también quien carga su ordenador personal para atrincherarse detrás
de él, y ver disimuladamente, entre sorbo y sorbo de los cada vez más populares
frapuchinos, lo que pasa a su alrededor.
Es típico también,
tanto en esta ciudad como en el puerto jarocho, ver a familias completas, darse
cita para el degustamiento de un sabroso café en los lugares de más tradición,
y es de agradecerse que perdure el gusto por conservar la costumbre que supone
este diario ritual de sentarse ante una buena taza del oloroso y negro brebaje.
Y aunque soy una persona que no sabe de café (producto), escribiendo acerca de
los cafés (lugares), puedo asegurar que a cada uno de los del centro de Xalapa
a los que he ido, todos y cada uno, me han dejado un “rico sabor de boca”…, no
te digo cuál es mi favorito, eso, lo tendrás que descubrir por ti mismo y para
ti, y recuerda, si quieres estatus ve a S, si quieres sabor, calidad y calidez
ven a los cafés de Xalapa.
Publicado en la revista "America's life" de Julio de 2013

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