lunes, 1 de julio de 2013

Xalapa de mis sueños... (en compañía de mi café)

Fue mi llegada a Xalapa en la tarde-noche de un diciembre de 1992, entre una densa niebla y en un ambiente de domingo... ¡parecía pueblo fantasma!, ya no había gente en la calle, y ningún restaurante abierto, ni tiendas de conveniencia como abundan actualmente. Para poder sobrevivir al hambre de  treintaidós horas seguidas de viaje, sólo un ya desaparecido "Barón Rojo" nos brindó la posibilidad de un sándwich bastante raquítico.
Pero no puedo negar el enorme encanto que nos causó esta ciudad.
Viendo hacia atrás en el tiempo, recuerdo siempre con gratitud sus calles en donde el olor del café, de los clásicos jochos, los sonidos, canciones, maromas, malabares y demás quehaceres de artistas ambulantes -como la figura de Ray tocando el sax- el barullo del Callejón del Diamante, y tantos personajes del centro, hacían de las caminatas vespertinas y nocturnas una especie de deporte que se podía practicar a diario sin cansancio.
En el espacio de esos años he visto trasformarse a esta ciudad que he aprendido a querer como si fuera mía, y aunque recientemente los veracruzanos hemos vivido momentos dolorosos debido a la ola violencia que ha impregnado al país, Xalapa sigue siendo una ciudad que se disfruta, tanto de día como de noche. Es tan diversa en lugares y escenarios, que en una salida siempre tendrás la posibilidad de encontrarte con los amigos en alguno de los muchos restaurantes, bares y cafeterías, visitar los museos y galerías,  adentrarte en pasajes comerciales convencionales y alternativos, hacer un recorrido por el tradicional “Piojito”, y tantos y tan hermosos parques y jardines.


Pero definitivamente, los cafés de Xalapa son lugar obligado para llevar una conversación que puede durar tanto como se disponga al espíritu de los que ahí se dan cita. En un café, una sencilla conversación puede llevar a los que dialogan a variados estados de disfrute, en donde la palabra no sólo se hace presente desde las bocas, se manifiesta también en los aromas, en la quietud de las típicas mesas o de cómodos sillones; incluso en el apacible silencio que acompaña a ratos las conversaciones, pareciera percibirse en una muda frase de alegría por compartir al aroma de un americano, un lechero o un expresso, el momento único de una entrañable compañía. En el día a día, en esta ciudad nos movemos entre lo que pareciera un caos vial, especialmente a ciertas horas, sin embargo, si entras en un café xalapeño, pareciera que este escenario dejara de existir para pasara a ser un tema más de conversación y  se va difuminando entre el rico olor de un americano. En ellos podrás ver también a los más variados personajes: hay desde el clásico intelectual que va a leer el periódico, hasta el neo-fresa que prefiere estos lugares para revisar su feisbuc; o también quien carga su ordenador personal para atrincherarse detrás de él, y ver disimuladamente, entre sorbo y sorbo de los cada vez más populares frapuchinos, lo que pasa a su alrededor.
Es típico también, tanto en esta ciudad como en el puerto jarocho, ver a familias completas, darse cita para el degustamiento de un sabroso café en los lugares de más tradición, y es de agradecerse que perdure el gusto por conservar la costumbre que supone este diario ritual de sentarse ante una buena taza del oloroso y negro brebaje. Y aunque soy una persona que no sabe de café (producto), escribiendo acerca de los cafés (lugares), puedo asegurar que a cada uno de los del centro de Xalapa a los que he ido, todos y cada uno, me han dejado un “rico sabor de boca”…, no te digo cuál es mi favorito, eso, lo tendrás que descubrir por ti mismo y para ti, y recuerda, si quieres estatus ve a S, si quieres sabor, calidad y calidez ven a los cafés de Xalapa.

Publicado en la revista "America's life" de Julio de 2013