Compartir la vida con otro es una decisión tomada por dos personas en un momento en que se está convencido de que hay un fuerte vínculo emocional generalmente llamado amor. Todavía hasta hace poco, resultaba impensable y casi vergonzoso que en una casa que se preciara de ser “decente”, hubiera algún miembro – más aún, si fuera del sexo femenino- que se atreviera a “dar el mal paso” de irse a vivir en “unión libre” con el novio. En el trascurso de los últimos veinte años, esta visión se ha ido relajando e inclusive se puede decir que hasta se ha polarizado en un sentido casi opuesto, de gente que es vista como bicho raro cuando deciden hacer un vínculo matrimonial con base en las “tres leyes” (civil, religiosa y esa que está usted pensando).Más allá de si las convencionalidades, como la de ejercer un contrato social que conlleva beneficios legales y que se asumen como un bien común, las nuevas generaciones se plantean el hecho de asumir la responsabilidad de llevar su convivencia diaria con otra persona al plano del interés de sólo ellos dos, y que es algo que sólo incumbe a los interesados, y sólo ellos tendrán la capacidad de decidir cuándo, cómo y hasta dónde habrán de llevar una relación en la que se pondera sobre todo, las voluntades de la pareja interesada y nadie más: ni los padres que tengan la ilusión de ver a su nena llegar al altar “de blanco” de “guardarse virgen para su esposo”, del padrino que quiera hacer la “gran pachanga”, ni el “qué dirán nuestras amistades”.
No se puede negar que los usos y costumbres de los núcleos familiares son en México un eje de acción para la mayoría, pero cada vez importa menos si al momento de casarse la pareja ya ha convivido sexualmente y el resto de la sociedad lo sabe, así como también va creciendo una óptica y/o un significado diferente al sentido de la palabra COMPROMISO. Sea como sea, el fin de un “matrimonio” es la decisión de dos personas de distinto o del mismo sexo, por compartir un espacio en donde se convive, se crea y genera una dinámica donde el motor (se supone) es el amor. Cada quien tendrá su propia historia por contar, y se llamarán como quiera usted, casados, amasiados, divorciados, separados, arrejuntados, novios, amigovios, pareja, compañero/a o lo que sea, pero son sólo dos en común acuerdo…, bueno, al menos eso es lo que se cree, pues nunca falta un tercero en discordia…, ¿o tanto han cambiado las cosas que ya es en concordia?
Publicado en la revista "Arteria Visual" # 12 de Febrero de 2015
